viernes, 15 de enero de 2016

CONTRA EL MUNDIALISMO Y SOBRE EL PROGRESISMO-MARXISMO CULTURAL

El progresismo o marxismo cultural (fabianismo, gramscismo…) es una antimoral convertida en la nueva ética cívica de la globalización, inyectada con fervor religioso.

Así como el Cristianismo tiene como meta la salvación y la vida eterna (el Cielo), el progresismo llegará a su meta cuando “progrese” hasta un nivel que subvierta por completo los valores naturales y tradicionales, degenerándolos por completo. Así es común percibir como “progreso social” la normalización y promoción de valores antinaturales como el aborto, destrucción de la familia, homogeneidad sexual, intercambio de roles, homosexualidad, transexualidad, mestizaje a gran escala etc.


Todos ellos valores tradicionalmente amorales, pero convertidos hoy en día en la nueva moral mundialista, homogénea, universal y globalizante.

La construcción exitosa de un entramado de dominación mundial tiene que llevar aparejado una economía global (capitalismo neoliberal, plutocrático y especulativo), una nueva población mundial homogénea (mestizaje racial) que tenga unas características físicas y psíquicas comunes para una mayor standarización global, y una nueva moral-religión universalista en consonancia con los valores anteriores. Necesita además de una cultura y un arte simples y directos, alejados de una consecución de valores elevados, que funcione como núcleo cultural de una nueva masa aborregada y gris. Música como el reggaeton (y demás modas MTV), el involucionista “arte contemporáneo”, las películas de Hollywood o los aberrantes dibujos animados de los canales universalistas de animación infantil (Nickelodeon, Disney Channel, Cartoon Network…), que van moldeando a los seres humanos ya desde su niñez.

Las mujeres son apartadas de su principal misión biológica, la maternidad, esclavizadas en un mercado de trabajo cada vez más precario, y donde la falta de tiempo y la desestructurización familiar, facilitan que los hijos reciban menos estímulos y valores paternos y adquieran más valores en la televisión, internet, videojuegos etc. que el gran capital maneja extraordinariamente a su antojo.

El hombre sufre un proceso de desmasculinización tanto en lo físico, debido a una alimentación industrializada que provoca desajustes hormonales y pérdida de fertilidad, como en lo mental, promoviendo roles afeminados y sometidos a un nuevo matriarcado, donde los valores femeninos como la pasividad, falta de agresividad, mayor consumo material etc. son promovidos como parte de un modelo que encaja en el nuevo sistema global. Hombres pasivos que no se rebelan, que consumen como una mujer y que tienen menos hijos. Incluso hombres que están con otros hombres y que no crean unidades familiares, que actúan como células independientes con alto consumo per cápita. Los homosexuales son la gallina de los huevos de oro, por eso se les facilita la creación de barrios propios (Chueca), días del orgullo, turismo gay… incluso por parte de partidos denominados “conservadores”, que obviamente y a estas alturas son parte del sistema globalizante.

Por eso todo aquel que quiera hacer una íntegra y certera crítica al sistema actual, no sólo se debe centrar en los aspectos económicos (como hace la izquierda), sino también en sus estructuras morales degenerantes y especialmente adaptadas a ese sistema económico y social mundialista.

El progresismo como nuevo dogma de fe no se puede contrariar, ni siquiera con explicaciones lógicas y detalladas, porque quien critica un dogma es un hereje.
El hereje, generalmente denominado fascista aunque disienta de esa ideología política, es condenado al ostracismo social. Su postura y su discurso, aún siendo ejemplarmente respetuoso y científicamente probado, no tiene cabida en una ideología que, sin embargo y con enfermiza obsesión, se declara cínicamente “abierta, respetuosa y democrática”. El “fascista”, el hereje, no es considerado un sujeto moral, y por tanto su opinión carece del más mínimo valor. Como en las ramas más radicales del Islam donde aquel que, declarado infiel, no tiene derecho ni a la vida y debe ser ejecutado para mayor gloria de Allah. El progresismo es una especie de “Santa Inquisición” del siglo XXI. Temas tabú como la investigación genética, la homogeneidad étnica, la defensa de la identidad ancestral, la cultura patriarcal o la revisión de la historia son parte de la nueva “brujería”, donde en analogía con la época medieval una mujer podía ser considerada una bruja tan sólo por ser pelirroja. Ahora cualquiera que no sea excesivamente contundente en la defensa de los valores morales igualitaristas, mesticistas, feministas… que nos han obligado a aceptar, puede ser acusado de “brujería”.

A los que no aceptamos la nueva moralidad esclavizante sólo nos queda decir “Eppur si muove”, a pesar de la tendencia general a aceptar los dogmas de la nueva Inquisición progre.

Recordad que sólo es libre aquel que cuestiona las cosas y plantea dudas cuando ve algo incongruente, y no acepta por sistema todo lo que le dicen como si fuera la única verdad incuestionable. Como decía Unamuno “Sólo el que sabe es libre, y más libre el que más sabe“.

Y es que progresismo (marxismo cultural) y neoliberalismo forman parte del mismo troquel socio-económico. Como ya apuntara Alberto Buela, ambos comparten:

La adopción a raja tabla de la democracia liberal, rebautizada como discursiva, de consenso, inclusiva, de derechos humanos, etc.
La economía de mercado, a pesar de su discurso en contra de los grupos concentrados.
La homogeneización cultural planetaria (globalismo), más allá de su discurso sobre el multiculturalismo.
El marxismo cultural se compone de una serie de subconjuntos ideológicos como resultado del trabajo de deconstrucción llevado a cabo por Lukacs, Gramsci y la Escuela de Frankfurt con el propósito de invertir los valores tradicionales y desintegrar la sociedad occidental. Subconjuntos ideológicos financiados por el neoliberalismo y usados como ariete por el progresismo, bandera de lo políticamente correcto:

– Feminismo
– Multiculturalismo
– Homosexualismo
– Inmigracionismo
– Ataque a la tradición
– Endofobia (auto-odio)
– Ataque a la figura paterna
– Xenofilia
– Ataque a la familia
– Cosmopolitismo
– Ataque a la religión (cristiana)
– Antirracismo (racismo antiblanco)
– Ataque a la natalidad (abortismo, prop. malthusiana solo para Occidente)
– Individualismo
– Ataque al espíritu patriótico
– Separatismo (en el caso de España especialmente)
– Ataque a la meritocracia
– Pacifismo/afeminamiento del varón
– Globalismo
– Igualitarismo por lo bajo

Y etcétera..

subconjuntos mundialismo
Estas sub-ideologías, lobbys o grupos de presión pueden ser de primer orden (por ejemplo homosexualismo, feminismo, multiculturalismo o antirracismo estarían en los primeros lugares en cuanto a relevancia, financiación y promoción) o pueden ser secundarios, pero juntos forman una amalgama usada como disolvente social contra cualquier identidad o resistencia de índole nacional. Y parten de la misma matriz, cuya entidad patrocinadora es el mundialismo.

Un ejemplo de esto lo tenemos en los recientes intentos del mundialismo-atlantismo en su afán por “progretizar” Rusia e introducir el marxismo cultural en ese país, primero mediante el feminismo radical, orquestando campañas con las Pussy riot, las Femen y compañía, y visto que la moralidad de la sociedad rusa no se ha debilitado ni una pizca, los mundialistas están intentando introducir el veneno usando el homosexualismo como ariete. Lo malo es que eso viene acompañado del resto del “pack”..

Sin olvidar que promocionando el multiculturalismo lo que se hace es fragmentar la sociedad en disitintos grupos confrontados (debilitando al grupo huésped). Otro ejemplo, ya aquí en España, lo tenemos en esta noticia de ayer:

“Los negros españoles necesitamos construir nuestra memoria colectiva”

Fijaos como gracias al adoctrinamiento “antirracista” del progrerío (apadrinado por el neoliberalismo) se intenta usar al “colectivo de negros” como ariete contra la población autóctona española, y adivinad quienes pagarían las subvenciones.. La finalidad es fragmentar y dividir la sociedad española, generando endofobia (auto-odio, sentimiento de culpa) a la par que se promocionan señas de identidad y “memorias colectivas” foráneas, debilitando de esa manera la identidad nacional y la memoria colectiva autóctona. Y si alguien critica esa deriva, enseguida salta la bien adoctrinada policía del pensamiento para calificar con los correspondientes epítetos de racista, nazi, xenófobo, fascista, homófobo, machista o lo que se tercie.

Es por ello que a la hora de oponerse a alguna sub-categoría o grupo de presión, es necesario hacerlo igualmente al resto del conglomerado para que dicha oposición sea eficaz.

En la sociedad, y aquí mismo en el foro, se suele ver a gente que se opone al feminismo pero luego es inmigracionista (o directamente pasa de los otros subconjuntos ideológicos del sistema); gente que es anti-inmigracionista pero luego es homosexualista; incluso gente que se opone al multiculturalismo pero luego es antitradicionalista o directamente separatista, etc.

Oponerse a uno de los pilares sistémicos mientras se apoya los otros invalida dicha oposición, ya que de esa manera el núcleo central se mantiene siempre incólume: aunque se critique o ataque uno de sus pilares, están los otros para sostener el conjunto.

Esto se entiende mejor con un símil, donde el mundialismo sería como un monstruo de varias cabezas que se van autoregenerando. Cada una de ellas representa un subconjunto ideológico del marxismo cultural (o progresismo, la nueva religión que el régimen demoliberal promueve para sus súbditos). Para hacerlo de forma efectiva habría que oponerse a todas desde la raíz. Atacar solamente una de las cabezas no sirve de nada, porque las otras siguen sosteniendo y regenerando contínuamente al monstruo.

El tronco-raíz es el mundialismo (neoliberalismo-atlantismo-sionismo, y todo ese conglomerado de instituciones y corporaciones globalistas: Banco Mundial, FMI, etc), el cuál impulsa las ideas-fuerza del marxismo cultural, financiándolas y dándoles cobertura mediática e institucional. Es decir, promueve esos subconjuntos ideológicos como arma y mecanismo de control social, subyugando mentalmente a la población a través de los medios de difusión, de la cultura y del control de lo políticamente correcto.

Para completar esto, añado unos artículos de Eduardo Arroyo donde se detalla la corrección política de nuestros días en España, y de los que extraigo algunos párrafos (en spoiler):

Haz click aquí para ver el “Spoiler”
– Cultura y violencia

Pero lo que aquí importa es que existe una nueva forma de totalitarismo –este, muy real- que no utiliza, a diferencia de Stalin, el poder de control de la policía política. Antes bien, su fuerza consiste, primero, en redefinir lo que está bien y lo que está mal y, además, en interpretar las intenciones del enemigo. La represión policial puede venir, en todo caso después, como consecuencia de esa redefinición de las fronteras de la ética y de la caricaturización del enemigo.

Así, la crítica a la inmigración es “xenofobia”, la oposición a la ley de paridad es “sexismo”, el simple excepticismo acerca del “lobby gay” es “homofobia”. Y los que incurren en estas neo-categorías sencillamente caen fuera de los límites de la decencia. Esta estrategia del odio, disfrazada de “elevados” ideales emancipatorios, esta estrategia, digo, que clama contra los discrepantes acusándoles de profetas del “odio”, ha abierto lugar a una nueva manera de hacer política: la política de la intimidación. El ambiente, con cada año que pasa, se torna más y más excluyente: con ellos o contra ellos en todos y cada uno de los temas. Toda otra posibilidad es inaceptable. De ahí que la panoplia de “objetivos” sea cada vez más amplia.

Así las cosas, España es ahora un país donde ciertos temas han sido totalmente excluidos del debate político, para lo cual a menudo incluso se emplean eufemismos ridículos. Pero la “izquierda”, sin embargo, distribuye con total libertad los calificativos de “racista”, “sexista”, “facha”, “nazi”, “homófobo”, etc, como estrategia intimidatoria. Esta estrategia del odio, primero, y de intimidación, después, ha calado tanto bajo su forma de propaganda que el propio Cruz califica de “fascismo” la acción de sus agresores de extrema izquierda, evidenciando que el consejero ha caído ya como víctima en la batalla del lenguaje.
– Vaya cara dura

Pese a todo ello no hay ningún fiscal que persiga el “odio” y la “discriminación” de la extrema izquierda, lo cual es aprovechado por grupúsculos “antisistema” para arrasar el escaparate de un tendero, reventar una conferencia en la universidad o atemorizar a alguien que va a misa. La poca razón que pueda quedarles en su primaria y pedestre crítica al ultracapitalismo global queda en entredicho gracias a sus formas mafiosas, sustentadas en el terror de la guerrilla urbana que tanto les gusta. O sea que si les pagara el G-20 o Davos no lo harían mejor.

El terror llega ya hasta lo intelectual e histórico. De hecho, cuando actitudes que no gustan en 2011 por su incorrección política real son inmediata y absurdamente vinculadas a sucesos ocurridos hace 70 e incluso más años, esta pauta de comportamiento no sucede siempre con todos. El pasado 21 de diciembre, el corresponsal de The Guardian en Bruselas, Leigh Phillips, informaba de que la Comisión Europea, por boca del comisario de Justicia Viviane Reding, negaba la petición de los ministros de Asuntos Exteriores de Lituania, Letonia, Bulgaria, Hungría, Rumania y la República Checa que solicitaba que los crímenes comunistas “debían ser tratados de acuerdo con los mismos estándares” que los de “los regímenes nazis”.

Este doble estándar, esta verdadera apología del cinismo, deriva directamente de la hegemonía intelectual y cultural de la izquierda, que dicta quién es y quién no es aceptable. Esa misma hegemonía que ha impuesto, por ejemplo, su lenguaje y su ideología “de género” a los próceres mediáticos de la carcundia nacional, como el ABC, La Razón o Telemadrid que califican de “violencia machista” con la misma soltura interesada que El País o Público.

Lógicamente, la respuesta de la comisario Viviane Reding es de lo más esperable. Porque si fuera enteramente coherente, muchos de los que hoy día pretenden imponer a toda la sociedad sus estándares mentales y morales, debieran primero ajustar cuentas con su pasado. A lo mejor, como sucede con algún que otro dirigente “contra la Intolerancia”, hace 20 o 30 años, esos personajes estaban llamando a la “guerra revolucionaria”, a la “lucha armada”, a la “sociedad sin clases” y haciendo la vista gorda ante los campos de prisioneros de Siberia.

Así que nadie se crea demasiado toda esa fraseología sobre el “odio”, la “convivencia”, la “intolerancia” y otras palabrejas reiteradas por incorruptibles “Robespierres” de pacotilla. En realidad todo eso no es si no la última actualización de una “Stasi” renovada y adaptada a los tiempos.
– La ley del silencio

La homilía de Reig Plá no ha gustado a homosexuales, “promiscuos sexuales” de diverso pelaje y a la izquierda en general, pese a que, por más que lo leo, no hay en todo su sermón una sola palabra de condena; más bien de compasión por el sufrimiento ajeno. Tampoco ha gustado al reaccionarismo cultural del PP y del catalanismo, como se ha evidenciado en su retirada del Consejo de RTVE, para no votar las sandeces propuestas por el representante de UGT, creo. Pero no hay en el sermón de Reig Plá una sola palabra que se aparte de lo que cabría esperar de un obispo coherente. Él está evidentemente en su papel.

Para quedar bien ante el poder, entonces, no hay nada más que indignarse por lo que dice el obispo. Inmediatamente, queda uno aceptado por el gran rebaño de los sumisos a lo políticamente correcto; esto es, a la censura de la izquierda que la derecha asume.

Lo malo es que esto es solo la punta del “iceberg”. Porque no solo hay que callar ante los homosexuales, que de su histórico repudio han pasado a convertirse en inquisidores permanentes. Tampoco puede preguntarse si el “feminismo” es o no un embuste interesado en el mero poder represor; si Franco tuvo pros y contras o si los crímenes que se le imputan los cometieron otros en grado mayor aún, si el camino iniciado por nuestro país es –o era- el mejor de los posibles, si la televisión y los medios en general están para ejercer la libertad de expresión o la libertad de represión, si los partidos políticos se construyen de abajo a arriba o de arriba abajo; si la democracia existe porque todos lo dicen o simplemente todos dicen que hay democracia; si la familia está o no legalmente perseguida; si los liberales son el nuevo “soviet” o qué se yo cuantas cosas más.
– ¿Qué es lo políticamente correcto?

Cuando hace unos meses un soldado musulmán en el ejército norteamericano mató a 13 soldados, un conjunto de oficiales expresó su temor, no respecto del fanatismo de algunos musulmanes, sino por la posible amenaza que el estupor general representaba para la “diversidad” y el “multiculturalismo”. ¿Sorprendente? En absoluto. En nuestro país, Fernando Ferrín Calamita, el juez de Familia de Murcia que “demoró” la adopción de un niño por dos lesbianas, fué condenado por el Tribunal Supremo a la pena de doce meses de multa y diez años de inhabilitación para ejercer como juez por un delito de “prevaricación”. Tanto en la actitud del conjunto de oficiales del ejército de EEUU como en la sentencia del Tribunal Supremo español subyace la defensa encarnizada de dos ideas esenciales para lo “políticamente correcto”: en el primer caso se trata del tótem de la “diversidad”, en el segundo caso se trata de la lucha contra la “homofobia”.

Pero ¿qué es lo “políticamente correcto”? He aquí la respuesta: la defensa policíaca y represora que la izquierda hace del marxismo cultural. Este es uno de los grandes secretos de la sociología moderna. Toda la tramoya de la “emancipación”, las “libertades” y la “democracia” no es sino la defensa del marxismo cultural y sus subproductos degenerados mediante el potencial coercitivo del Estado. Los orígenes de esta policía del pensamiento se retrotraen, no a los años 60, como creen algunos, sino al período anterior a la Primera Guerra Mundial, cuando la teoría marxista predecía que la ruptura de las hostilidades en Europa conllevaría la insurrección de la clase trabajadora mundial y el derrocamiento del capitalismo, para dar paso a la “sociedad sin clases”. Pero cuando comenzó el conflicto esto no sucedió así y los teóricos marxistas -que ya contaban en su haber con la justificación de actos de terrorismo sangriento a sus espaldas- empezaron a pensar qué es lo que había pasado.

Así las cosas, dos colosos del marxismo -que no de la filosofía- Antonio Gramsci en Italia y Georg Lukacs en Hungría, llegaron independientemente a la conclusión de que el valladar fundamental era la matriz cristiana, que constituía el andamiaje religioso, cultural, social e ideológico de todo el Occidente. En consecuencia la religión cristiana y la cultura occidental debían ser destruidos en beneficio de la “lucha de clases” que finalmente “emanciparía” a los trabajadores.

Los marxistas han sido corruptos, asesinos y gentuza de toda laya pero una cosa no podrá jamás recriminárseles y esto es no haber sido siempre consecuentes. Por eso cuando Georg Lukacs alcanzó el cargo de subcomisario de Cultura bajo el sanguinario mandato de Bela Kuhn en Hungría en 1919 una de sus primeras medidas consistió en imponer en los colegios la “educación sexual” o más bien una especie de educación de tipo zoológico-hedonista, con el fin de destruir la moral tradicional sexual. Kuhn sabía sobradamente que la sustitución de una moral por otra sería un paso de gigante hacia la demolición del sistema cultural occidental en vigor, con todas sus luces y sombras, un sistema que había protegido al hombre europeo de la debacle durante casi dos mil años.

Lukacs se convirtió en uno de los buques insignia del pensamiento marxista de la Universidad de Frankfurt en Alemania y, en consecuencia, del Instituto de Investigaciones Sociales creado en esa universidad en 1923 y que se haría famoso en todo el mundo bajo el nombre de “Escuela de Frankfurt”. Cuando Max Horkheimer se hizo cargo de la “Escuela” en 1930, asumió la ciclópea tarea que Lukacs había pergeñado; es decir, traducir el marxismo económico a términos culturales. En esta misión histórica sería secundado por poderosos cerebros como Theodor Adorno, Eric Fromm, Wilhelm Reich o Herbert Marcuse. Su marxismo no era el marxismo soviético y posiblemente todos hubieran sido ejecutados por “desviacionistas” en la URSS, siguiendo la conocida tradición caníbal de los comunistas de todo el planeta, pero era marxismo al fin y al cabo.

Para lograr tan ambicioso objetivo era necesario ir un paso más allá del marxismo estándar, algo que se consiguió merced a la hibridación de la teoría marxista con las veleidades de Sigmund Freud. Así las cosas, Freud -un literato genial cuyas teorías ni curaron jamás a nadie ni contaron con base experimental alguna- proporcionó el siguiente peldaño hacia tan glorioso objetivo: igual que el capitalismo mantenía a todos en un estado de opresión económica, la cultura occidental mantenía a todos bajo una represión psicológica, dado que el hombre es básicamente un ser sexual. Esa represión podía combatirse condicionando -la idea de “condicionamiento” se haría repentinamente muy importante- la propia psique humana. Por ejemplo, si se quiere normalizar la homosexualidad, basta con someter a la población a un programa de TV tras otro y a una película tras otra en la que los homosexuales salgan como gente comprensiva, tolerante etc, es decir, gente unívocamente “buena” y los críticos aparezcan como el paradigma de todos los males. ¿Les suena? Esta estrategia tiene la “ventaja” de que anula el pensamiento crítico y convierte a los sujetos -meras “unidades experimentales”- en una masa histérica y acrítica.

En 1933 la Escuela se fue con la música a otra parte, concretamente dejaron Alemania y se marcharon a Nueva York, donde produjeron su herramienta más deletérea y funesta: la “teoría crítica”, según la cual resultaba imperioso someter a una crítica despiadada cada uno de los valores de la tradición occidental, sin ofrecer nada a cambio, empezando por la misma idea de familia. Produjeron ríos de tinta en estudios sobre los “prejuicios” hasta llegar a la obra con la que Theodor Adorno sentenció que todo defensor de los valores tradicionales era un “fascista” mentalmente enfermo: la personalidad autoritaria. Según este esquema ideológico, cualquiera que se resista a la “teoría crítica” y sus consecuencias debe ser “recondicionado” para que deponga su actitud y muestre sumisión.

Durante los años 50 y 60 Herbert Marcuse tradujo las ideas abstrusas de la “Escuela de Frankfurt” a manuales más divulgativos del tipo de Eros y civilización, de modo que inyectaron en el baby-boom de los años 60 todo el marxismo cultural de la “Escuela” hasta el punto de que ahora se ha convertido en la ideología dominante en varias generaciones. Y esto es lo que hoy conocemos como “corrección política”.

Bajo este esquema forzosamente simplista dada la extensión de este texto– es muy fácil comprender lo que hoy sucede. Los autores de libros que niegan el Holocausto dan con sus huesos en la cárcel pero que la Real Academia de la Lengua Española anuncie que incluirá el adjetivo de “totalitario” en la definición de “comunismo” despierta las iras del Partido Comunista que amenaza con “movilizaciones”. Al parecer, la lucha contra el totalitarismo solo combate el totalitarismo de un signo. Ideas como el “multiculturalismo” y la “diversidad” justifican que la izquierda defienda al Islam invasor en Occidente pese a que el Islam daría buena cuenta del totum revolutum de “porreros”, “ocupas”, “gays”, “lesbianas”, terroristas amateur, progresistas y “libertarios” que componen la izquierda mundial; ello se debe a que las vanguardias de lo “políticamente correcto” se alían con quien quiera que sea si éste se dedica a minar los fundamentos de la civilización occidental. Como se sabe, los enemigos de mi enemigo son mis amigos.
Solo existe una cosa más letal que ese nihilismo camuflado de doctrina “emancipatoria” y es el supuesto antídoto liberal, que ha usurpado el pensamiento tradicional occidental y que hoy participa de una estrategia de neutralización de todas las fuerzas sanas que aún mantienen en pié esta sociedad. Vincular la defensa de Occidente a los esquemas liberales ha conducido a las fuerzas sanas del pueblo a una sucesión de fracasos a la que no parece verse fin. Desalojarlos de esa posición hegemónica y suplantadora -que ejerce un poder casi hipnótico- es una de las tareas de la presente generación. Pero eso es ya tema de otro artículo.

Y unos textos de la Free Congress Foundation, donde se detalla esta cuestión en lo que respecta a Estados Unidos (PDFs cliqueando los enlaces):

Political Correctness: A Short History of an Ideology

– Introducción y Capítulo 1

– Capítulo II: Las raíces históricas de la “corrección política”. La corrección política pretende imponer una uniformidad de pensamiento y comportamiento en todos los estadounidenses y es, por tanto, de carácter totalitario. Sus raíces se encuentran en una versión del marxismo que busca invertir radicalmente los valores tradicionales con el fin de transformar la sociedad.

– Capítulo III: La corrección política en la educación superior. La libertad de expresar y discutir ideas -un principio que ha sido la piedra angular de la educación superior desde la época de Sócrates – se está erosionando a un ritmo alarmante en los campus universitarios.

– Capítulo IV: La corrección política: Deconstrucción y Literatura. La literatura es, si no el indicador cultural más importante, al menos, un punto de referencia indicativo del nivel de civilización de una sociedad. Ventana cultural que no escapa a la corrección política.

– Capítulo V: El feminismo radical y la corrección política La ideología feminista es quizás el aspecto de la corrección política que mas afecta a la vida americana de hoy. El feminismo, así como el resto de la corrección política, está basado en el marxismo cultural. Si bien la historia del feminismo en América se remonta sesenta años atrás, su florecimiento en las últimas décadas se ha entretejido con la revolución contracultural llevada a cabo por los marxistas culturales.

– Capítulo VI: Lecturas sobre la Escuela de Frankfurt Este es el sexto y último capítulo de la Free Congress Foundation sobre la corrección política, o – para llamarlo por su verdadero nombre – sobre el marxismo cultural. Se trata de un corto ensayo bibliográfico destinado, no como un recurso exhaustivo para los estudiosos, sino como una guía para los ciudadanos interesados ​​que quieran aprender más acerca de la ideología que se ha apoderando de América.
Los enlaces del anterior spoiler están en inglés, pero los textos también pueden leerse en español en este blog argentino (traducción regular):

Corrección política: breve historia de una ideología

Recomendado: “La CIA y la guerra fría cultural” de Frances Stonor Saunders.

Los hippies, y el progresismo no tienen su origen en el KGB, sino en la CIA. A finales de los años 40, la CIA se embarcó en el proyecto de crear una izquierda no comunista, en la que se incluirían tanto liberales como comunistas revisionistas. Sólo a partir de los años 60, los apéndices culturales e ideológicos de la CIA viran definitivamente desde la izquierda liberal hacia el “progresismo” y la ingeniería social. Varios ejemplos: Gloria Steinem, a la que citas en otro hilo, comenzó su carrera como agente de la CIA infiltrando a estudiantes no comunistas en la edición de 1959 del Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes. Sólo tres años después, comienza su actividad feminista, que se vio interrumpida durante el tiempo en que estuvo dedicándose a ser conejita de Playboy y a la prostitución de lujo.
Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes – Wikipedia, la enciclopedia libre

La CIA y la guerra cultural | Un enorme programa secreto de propaganda revelado por Saunders

Uno de los principales teóricos del marxismo revisionista estadounidense de posguerra fue Max Schachtman, que describía a la Unión Soviética como un “estado degenerado de los trabajadores”. En el año 1961 se negó a combatir la invasión de Bahía de Cochinos. Entre sus discípulos se encuentran los fundadores del movimiento neoconservador.
Y finalmente, la “Hermandad del Amor Eterno”, una de las principales organizaciones hippies que contribuyeron a popularizar el LSD en los Estados Unidas fue dirigida por Ronald Stark, que años más tarde sería detenido en Italia por su implicación en el asesinato de Aldo Moro.
ronald stark

Brotherhood of Eternal Love

Como vemos, los comunistas que robaron secretos nucleares para la URSS tenían MUY poco que ver con los marxistas revisionistas financiados por la CIA y que más tarde constribuirían al desarrollo de los movimientos feminista, neoconservador ¡o incluso hippie!